La E-ID en los bancos reduce los costes de proceso hasta en dos tercios
La E-ID suiza permite a los bancos representar totalmente de forma digital los procesos de identificación y servicio. Así se pueden reducir considerablemente las cargas del helpdesk y las verificaciones manuales de KYC.
Qué cambia
La introducción de la E-ID suiza cambia la forma en que los bancos captan y gestionan las identidades de los clientes. En lugar de un documento de identidad físico que debe mostrarse ante la cámara, el cliente selecciona en su cartera digital la opción E‑ID, visualiza allí los atributos solicitados — nombre, apellido, fecha de nacimiento, domicilio y fotografía — y los autoriza. El banco recibe entonces datos estructurados y criptográficamente verificados sin interrupción de medio, ya que todo el proceso se realiza en el smartphone y no es necesario rellenar ningún formulario en papel.
Este enfoque no solo se aplica a la apertura de cuentas, sino también a procesos recurrentes como el cambio de dispositivo, el restablecimiento de contraseña o la actualización periódica de los datos KYC. Al reutilizar la misma E‑ID en distintos casos de uso se crea una red de verificadores, emisores, posibles proveedores de carteras y consumidores dentro del emergente SSI-Oekosystems, lo que permite al banco reforzar su posición como instancia de identidad de confianza.
Qué cuesta
Según los estudios de OpenBankingProject.ch, los bancos pueden reducir sus costes entre un 50 y un 66 % en cinco años si utilizan de forma consecuente la E‑ID. Para ciertos procesos como el cambio de dispositivo o la actualización de KYC, la fuente menciona incluso un potencial de ahorro de hasta dos tercios de los costes de proceso respectivos. Otros datos concretos no se publicaron en el material.
Los ahorros provienen principalmente de que las llamadas costosas al servicio de atención al cliente – que, según la fuente, cuestan alrededor de cincuenta veces lo que un auto‑servicio digital – sean sustituidas por procesos de auto‑servicio seguros. Además, se reducen las revisiones manuales, los gastos de papel y porte, así como los costes de gestión de documentos, ya que la E‑ID es emitida por el Estado, permanece inalterable y puede verificarse criptográficamente.
Qué se rompe
La migración exige que las soluciones IAM o de verificador de identidad existentes se conecten al marco de confianza de la E‑ID. Para ello es necesario adaptar las interfaces, probar los protocolos de comunicación con la cartera y ajustar los flujos internos de datos para la captura de atributos estructurados. Durante esta fase de integración pueden producirse interrupciones breves si se desactivan los antiguos métodos de verificación antes de que el nuevo flujo de E‑ID se estabilice.
Los equipos más afectados son los de atención al cliente, el personal del helpdesk, los analistas de KYC y los responsables de producto para el onboarding y las ofertas de auto‑servicio digital. Estos grupos necesitan formación sobre la gestión de liberaciones de atributos basadas en cartera, sobre cómo enfrentar posibles escenarios de error y sobre los requisitos legales de aceptación de la E‑ID. Asimismo, el departamento de operaciones de TI, que gestiona la plataforma de identidad, debe supervisar los nuevos procesos y brindar apoyo en caso de incidentes.
Qué exige un cambio
El cambio inicia con una prueba de valor, tal como la realizó OpenBankingProject.ch, para priorizar los casos de uso más prometedores y validar la factibilidad técnica. A continuación se ejecuta un sprint de integración, que puede durar desde varias semanas hasta varios meses, dependiendo del entorno IAM existente. Los decisores deben determinar si se implementa primero un verificador punto a punto o si, a largo plazo, se busca una plataforma IAM centralizada que orchestre todos los procesos de identidad digital.
Para el primer uso productivo – por ejemplo, el auto‑servicio en caso de cambio de dispositivo – se estima un plazo de entre tres y seis meses, tras el cual se pueden incorporar progresivamente otros procesos como la apertura de cuentas o la actualización de KYC. Es fundamental involucrar tempranamente al responsable de seguridad, al delegado de protección de datos, al jefe de banca minorista y al jefe de arquitectura de TI, de modo que los requisitos de seguridad, cumplimiento y experiencia de usuario se aborden de forma simultánea.
